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sábado, 2 de febrero de 2013

Recuerdos de instituto.


Aquella mañana como siempre, me levanté tarde para ir a la escuela. La verdad es que no me importaba entrar una o dos horas tarde. Total. El instituto no es para mí.
Como siempre, me miraba al espejo con la ropa preparada en mis manos, y hacía la típica mueca de asco, que cada mañana repetía. Era mirarme al espejo y preguntarme, “¿Por qué estoy tan gorda?”. Después de un rato, el cual me tomaba todo el tiempo del mundo, me vestía, me peinaba, maquillaba, y me colocaba las lentillas.

Cuando llegué al instituto, como siempre se encontraba la conserje malhumorada, y con cara de pocos amigos.
-¿Otra vez llegas tarde Rosa?
Mi media sonrisa hacía que la enfadara más.
-No me sonó el despertador. Otra vez. –Contesté con todo el descaro del mundo.
Creo que esa mujer era una de las que peor me caen en el mundo. Pasé olímpicamente de ella y me dirigí hacia el patio trasero de los vestuarios, como siempre, para fumar un cigarrillo. Al soltar la maleta y el abrigo en el suelo, fue mi sorpresa que detrás de un muro, me saludó Xavier, y para ser invierno, llevaba una camiseta de tirantas color negra, muy ceñida a su cuerpo, cosa que me extrañó muchísimo.
-¿No tienes frío Xavi? –Pregunté anonadada al verle.
Xavi es el chico el cual estaba locamente enamorada desde los 12 años mientras él tenía solo 10. El tiempo pasó y actualmente tengo 17 y el 15, y ya no es alguien que me interese pero siempre se me acaba colando en mi mente, concreta mente con mis fantasías eróticas, las cuales disfruto mucho pensando en el, pero nada más. Tampoco nunca quise buscarle para el sexo, puesto que lo quiero bastante como lo que es, un buen amigo.
-Sabes que no, que estoy caliente todo el año. –Respondió  con su chulería, la que siempre me excitaba.
En ese momento me empecé a reírme levemente de él.
-Se nota que estás caliente, con el frío que hace y tú así. No tienes precio.
El tiempo pasaba y el estaba sentado al mi lado. La verdad es que ya estaba algo excitada de tenerlo a mi lado, con esa camiseta tan tullida, que se le hace marcar todo su cuerpo de adolescente. Hacía frío, por lo cual, el se dio cuenta rato antes y me abrazó, para así, según él, pudiera calentarme.
 Después de unos cuantos cigarrillos más, los cuales compartimos, me dijo:
-¿Vienes al vestuario? Allí no hace tanto frío, y como no hay nadie, nos podemos tender en las colchonetas.
Tan solo decirme eso, mi cuerpo sufrió un tic, el cual hizo que se estremeciera y empezar a excitarme mucho más. No pude dar una respuesta en condiciones por tal hecho por lo que solamente pude asentir para contestar.
Nos dirigimos al vestuario. Yo iba detrás de él, y mientras este caminaba muy decidido para el sitio. Casi le perdía el ritmo. Mientras, mi mirada se quedó clavada en su perfecto culo, el cual hacía ciertos movimientos al andar que me ponía loca. Al llegar, se tiró sobre la primera colchoneta que vio, y me quedé parada admirando lo que tenía frente a mí.
Su cuerpo, estaba algo sudado, cosa que me extrañaba muchísimo por las bajas temperaturas. Tenía un cabello algo largo de color castaño claro que le tapaba las orejas y casi le ocultaban los ojos. Estos, unos ojos claros que a tantas enamoraban. Tenía un cuerpo delgado, no muy fibroso, pero quizás adorable y apetecible. Y después, lo que más acalorada me dejó, un bulto de unos grandes genitales que notaba guardados en unos bóxer negros que asomaban por encima del pantalón.
Ya no aguantaba más, por lo que puse cierta cara de pícara, y noté que él se percató del asunto y me mostró una leve sonrisa. Me dirigí hacía él, y me tendí a su lado, no sin antes quitarme algo de ropa y quedarme con una fina camiseta.
Xavi, se puso de costado, mirándome, y mirando mis pechos, en los cuales sentí un escalofrío el cual se desplazó hasta mi sexo.
-Pedazo de tetas. –Exclamó mientras me dedicaba una sonrisa maliciosa.
Le seguí el juego y le pregunté mientras pasaba mi mano por mi seno derecho:
-¿Te gustan?
Dio un respiro de excitación y me contestó muy decidido:
-¡Bastante!
Entonces, dejé que la lujuria actuara por mí. Con mis manos, lo hice tenderse hacia arriba, y me abalancé sobre él. Ya mi cuerpo se olvidó del frío, del lugar donde estábamos, y perdí la noción del tiempo. Yo solo quería una cosa: a él.
-Si tanto te gustan, ¿Por qué no las haces tuyas? –Hice de mi pregunta el descaro más grande del mundo producido por la excitación que tenía en ese momento. Y él, hizo lo propio.
Comenzó a tocarme el vientre muy sensualmente y empezó a subir las manos en dirección a mis pechos, los cuales empezó momento después a tocar, y apretar muy levemente. El solo suspiraba, y no dejaba de mirarlos.
Pero no. No estaba a gusto, quería mas. Le agarré esa fina camiseta y se la quité, dejando al descubierto su torso albino, que tanto había soñado poder tocar. Fue quizás eso lo que hizo que Xavi enloqueciera, puesto que sentí entre mis nalgas como su miembro se endurecía.
El me quitó rápidamente la camiseta y yo ayudé quitando el sujetador, cosa que lo excitó mucho más. Entonces, me lancé a sus labios, y empezamos un suave beso, que se me hizo eterno. Sentía su dulce lengua jugar con la mía. Sus manos empezaron a masajear mis muslos, pasando algún dedo por los bordes de mi vagina.
En un ataque de pasión, me giró rápidamente y se me puso encima, bajando sus pantalones y enseñándome la erección que todavía guardaba sus bóxer, y justo cuando iba a agarrar aquel cimbel, me agarró por mis brazos y los hizo prisioneros por sus manos dejándolos inmóviles, y empezó a besarme con algo más de pasión. Yo ya estaba loca de excitación.
Su boca empezó a recorrer mi cuello, mis pechos, y poco a poco bajaba hacía mi sexo.
Casi haciendo un gesto bruto, me bajó los pantalones y mi ropa interior de una vez, sin ningún tipo de miramiento, y siguió el juego que tenía con sus labios y su lengua hasta alcanzar mi vagina. Yo ya estaba bastante mojada, pero parece que no le importó, puesto que empezó a masturbar oralmente mi vagina con su lengua. Empezó a meterla, sacarla, y a jugar con mi clítoris de una forma la cual nunca me hicieron. Notaba como del mismo placer que me estaba dando, mi vagina se contraía y se volvía a abrir. El placer se hizo dueño del poco cuerpo que Xavi me permitía dejar libre.
Cuando se cansó, se puso en pié, y bajó en un segundo su ropa interior dejándome ver aquella erección del demonio que tanto deseaba de ver. Y esta vez no consentiría que me hiciera lo mismo. Lo agarré por un brazo y lo lancé de nuevo a la colchoneta y esta vez fue sometido por las altas temperaturas de mi cuerpo. Agarré esa erección que tanto deseaba, y sin dudarlo un momento llevé mi boca hacia ella, haciendo uso de mis labios y mi lengua como yo solo sabía hacer. La saboreaba y le daba lamidas de arriba abajo y la volvía a meter en mi boca, mientras agarraba y masturbaba con la mano lo que por desgracia no entraba por mi mandíbula.
Cuando me cansé, dejé libre su trozo de carne que tanto disfruté, y le miré a la cara. Me pareció gracioso, verlo con la cabeza en dirección al techo y con los ojos cerrados, mostrando un gesto de placer. Me pareció quizás curiosa su cara, tanto tiempo que hacía que lo conocía, y por primera y ansiada vez, lo encontré de esa forma. Sin esperar más, me dirigí de nuevo a sus labios, y empecé a besarle como loca.
Acto seguido me puse boca arriba, para que volviera a echarse sobre mi y me sometiera a sus deseos, sintiéndome inmóvil a estos. Abrí las piernas y se me echó encima, y volvió a besarme.
Después de tan lindo beso, me dijo unas palabras que me encantaron.
-Espero que no tengas miedo a las alturas, porque en un segundo te haré llegar al cielo.
Y sin más esperar, colocó su miembro en las puertas de mi vagina, y lo introdujo de un golpe, el cual me hizo sentir un calambre que subió desde mis pies hasta mis pechos, los cuales empezó a lamer y besar con cierta ternura.
Nuevamente la sacó y me embistió con fuerza, con la consecuencia de que me empecé a mojar cada vez más y más.
Las embestidas tan salvajes que me daba, me hacían llegar al cielo, como el bien me dijo. Se notaba que a su joven edad de 15 años, tenía experiencia, puesto que sabía lo que hacía perfectamente. Su movimiento de caderas se aceleró, más y más y con ello hizo que gritara como una posesa, algo en lo que me había convertido en ese momento.
Ya todo daba igual. Ya tenía lo que quería. Ya lo tenía dentro de mí, haciendo lo que llevaba esperando muchos años.
Lo agarré por las caderas y fui bajando mis manos hasta sus deliciosas nalgas las cuales apretaba como si no existirá mañana.
Sus gritos me dejaban sorda, los cuales poco a poco se mezclaron con los míos. Y así estuve como 5 minutos. Tirada en una colchoneta de instituto y sometida a tanta lujuria contenida en su cuerpo y en su miembro. De pronto me arrebató de la colchoneta, y sin sacar sus sexo de mi vagina, me cogió en brazos y me empujó sobre la pared. Ahí sus embestidas fueron peores. Tanto que incluso me hizo un poco de daño, el cual apenas me importó y me fue indiferente.
Después de otra tanda de 5 minutos mas, me apretó con sus caderas sobre la misma pared, e hizo una mueca de gusto. Se mordió el labio de abajo y aproveché a morderle su labio superior, algo que me excito.