Aquella mañana como siempre, me
levanté tarde para ir a la escuela. La verdad es que no me importaba entrar una
o dos horas tarde. Total. El instituto no es para mí.
Como siempre, me miraba al espejo
con la ropa preparada en mis manos, y hacía la típica mueca de asco, que cada
mañana repetía. Era mirarme al espejo y preguntarme, “¿Por qué estoy tan
gorda?”. Después de un rato, el cual me tomaba todo el tiempo del mundo, me
vestía, me peinaba, maquillaba, y me colocaba las lentillas.
Cuando llegué al instituto, como
siempre se encontraba la conserje malhumorada, y con cara de pocos amigos.
-¿Otra vez llegas tarde Rosa?
Mi media sonrisa hacía que la
enfadara más.
-No me sonó el despertador. Otra
vez. –Contesté con todo el descaro del mundo.
Creo que esa mujer era una de las
que peor me caen en el mundo. Pasé olímpicamente de ella y me dirigí hacia el
patio trasero de los vestuarios, como siempre, para fumar un cigarrillo. Al
soltar la maleta y el abrigo en el suelo, fue mi sorpresa que detrás de un
muro, me saludó Xavier, y para ser invierno, llevaba una camiseta de tirantas
color negra, muy ceñida a su cuerpo, cosa que me extrañó muchísimo.
-¿No tienes frío Xavi? –Pregunté
anonadada al verle.
Xavi es el chico el cual estaba
locamente enamorada desde los 12 años mientras él tenía solo 10. El tiempo pasó
y actualmente tengo 17 y el 15, y ya no es alguien que me interese pero siempre
se me acaba colando en mi mente, concreta mente con mis fantasías eróticas, las
cuales disfruto mucho pensando en el, pero nada más. Tampoco nunca quise
buscarle para el sexo, puesto que lo quiero bastante como lo que es, un buen
amigo.
-Sabes que no, que estoy caliente
todo el año. –Respondió con su chulería,
la que siempre me excitaba.
En ese momento me empecé a reírme
levemente de él.
-Se nota que estás caliente, con
el frío que hace y tú así. No tienes precio.
El tiempo pasaba y el estaba
sentado al mi lado. La verdad es que ya estaba algo excitada de tenerlo a mi
lado, con esa camiseta tan tullida, que se le hace marcar todo su cuerpo de
adolescente. Hacía frío, por lo cual, el se dio cuenta rato antes y me abrazó,
para así, según él, pudiera calentarme.
Después de unos cuantos cigarrillos más, los
cuales compartimos, me dijo:
-¿Vienes al vestuario? Allí no
hace tanto frío, y como no hay nadie, nos podemos tender en las colchonetas.
Tan solo decirme eso, mi cuerpo
sufrió un tic, el cual hizo que se estremeciera y empezar a excitarme mucho más.
No pude dar una respuesta en condiciones por tal hecho por lo que solamente
pude asentir para contestar.
Nos dirigimos al vestuario. Yo
iba detrás de él, y mientras este caminaba muy decidido para el sitio. Casi le
perdía el ritmo. Mientras, mi mirada se quedó clavada en su perfecto culo, el
cual hacía ciertos movimientos al andar que me ponía loca. Al llegar, se tiró
sobre la primera colchoneta que vio, y me quedé parada admirando lo que tenía
frente a mí.
Su cuerpo, estaba algo sudado,
cosa que me extrañaba muchísimo por las bajas temperaturas. Tenía un cabello algo
largo de color castaño claro que le tapaba las orejas y casi le ocultaban los
ojos. Estos, unos ojos claros que a tantas enamoraban. Tenía un cuerpo delgado,
no muy fibroso, pero quizás adorable y apetecible. Y después, lo que más
acalorada me dejó, un bulto de unos grandes genitales que notaba guardados en
unos bóxer negros que asomaban por encima del pantalón.
Ya no aguantaba más, por lo que
puse cierta cara de pícara, y noté que él se percató del asunto y me mostró una
leve sonrisa. Me dirigí hacía él, y me tendí a su lado, no sin antes quitarme
algo de ropa y quedarme con una fina camiseta.
Xavi, se puso de costado,
mirándome, y mirando mis pechos, en los cuales sentí un escalofrío el cual se
desplazó hasta mi sexo.
-Pedazo de tetas. –Exclamó
mientras me dedicaba una sonrisa maliciosa.
Le seguí el juego y le pregunté
mientras pasaba mi mano por mi seno derecho:
-¿Te gustan?
Dio un respiro de excitación y me
contestó muy decidido:
-¡Bastante!
Entonces, dejé que la lujuria
actuara por mí. Con mis manos, lo hice tenderse hacia arriba, y me abalancé
sobre él. Ya mi cuerpo se olvidó del frío, del lugar donde estábamos, y perdí
la noción del tiempo. Yo solo quería una cosa: a él.
-Si tanto te gustan, ¿Por qué no
las haces tuyas? –Hice de mi pregunta el descaro más grande del mundo producido
por la excitación que tenía en ese momento. Y él, hizo lo propio.
Comenzó a tocarme el vientre muy
sensualmente y empezó a subir las manos en dirección a mis pechos, los cuales
empezó momento después a tocar, y apretar muy levemente. El solo suspiraba, y
no dejaba de mirarlos.
Pero no. No estaba a gusto,
quería mas. Le agarré esa fina camiseta y se la quité, dejando al descubierto
su torso albino, que tanto había soñado poder tocar. Fue quizás eso lo que hizo
que Xavi enloqueciera, puesto que sentí entre mis nalgas como su miembro se
endurecía.
El me quitó rápidamente la
camiseta y yo ayudé quitando el sujetador, cosa que lo excitó mucho más.
Entonces, me lancé a sus labios, y empezamos un suave beso, que se me hizo
eterno. Sentía su dulce lengua jugar con la mía. Sus manos empezaron a masajear
mis muslos, pasando algún dedo por los bordes de mi vagina.
En un ataque de pasión, me giró
rápidamente y se me puso encima, bajando sus pantalones y enseñándome la
erección que todavía guardaba sus bóxer, y justo cuando iba a agarrar aquel
cimbel, me agarró por mis brazos y los hizo prisioneros por sus manos
dejándolos inmóviles, y empezó a besarme con algo más de pasión. Yo ya estaba
loca de excitación.
Su boca empezó a recorrer mi
cuello, mis pechos, y poco a poco bajaba hacía mi sexo.
Casi haciendo un gesto bruto, me
bajó los pantalones y mi ropa interior de una vez, sin ningún tipo de
miramiento, y siguió el juego que tenía con sus labios y su lengua hasta
alcanzar mi vagina. Yo ya estaba bastante mojada, pero parece que no le
importó, puesto que empezó a masturbar oralmente mi vagina con su lengua.
Empezó a meterla, sacarla, y a jugar con mi clítoris de una forma la cual nunca
me hicieron. Notaba como del mismo placer que me estaba dando, mi vagina se
contraía y se volvía a abrir. El placer se hizo dueño del poco cuerpo que Xavi
me permitía dejar libre.
Cuando se cansó, se puso en pié,
y bajó en un segundo su ropa interior dejándome ver aquella erección del
demonio que tanto deseaba de ver. Y esta vez no consentiría que me hiciera lo
mismo. Lo agarré por un brazo y lo lancé de nuevo a la colchoneta y esta vez
fue sometido por las altas temperaturas de mi cuerpo. Agarré esa erección que
tanto deseaba, y sin dudarlo un momento llevé mi boca hacia ella, haciendo uso
de mis labios y mi lengua como yo solo sabía hacer. La saboreaba y le daba
lamidas de arriba abajo y la volvía a meter en mi boca, mientras agarraba y
masturbaba con la mano lo que por desgracia no entraba por mi mandíbula.
Cuando me cansé, dejé libre su
trozo de carne que tanto disfruté, y le miré a la cara. Me pareció gracioso,
verlo con la cabeza en dirección al techo y con los ojos cerrados, mostrando un
gesto de placer. Me pareció quizás curiosa su cara, tanto tiempo que hacía que
lo conocía, y por primera y ansiada vez, lo encontré de esa forma. Sin esperar
más, me dirigí de nuevo a sus labios, y empecé a besarle como loca.
Acto seguido me puse boca arriba,
para que volviera a echarse sobre mi y me sometiera a sus deseos, sintiéndome
inmóvil a estos. Abrí las piernas y se me echó encima, y volvió a besarme.
Después de tan lindo beso, me
dijo unas palabras que me encantaron.
-Espero que no tengas miedo a las
alturas, porque en un segundo te haré llegar al cielo.
Y sin más esperar, colocó su
miembro en las puertas de mi vagina, y lo introdujo de un golpe, el cual me hizo
sentir un calambre que subió desde mis pies hasta mis pechos, los cuales empezó
a lamer y besar con cierta ternura.
Nuevamente la sacó y me embistió
con fuerza, con la consecuencia de que me empecé a mojar cada vez más y más.
Las embestidas tan salvajes que
me daba, me hacían llegar al cielo, como el bien me dijo. Se notaba que a su
joven edad de 15 años, tenía experiencia, puesto que sabía lo que hacía
perfectamente. Su movimiento de caderas se aceleró, más y más y con ello hizo
que gritara como una posesa, algo en lo que me había convertido en ese momento.
Ya todo daba igual. Ya tenía lo
que quería. Ya lo tenía dentro de mí, haciendo lo que llevaba esperando muchos
años.
Lo agarré por las caderas y fui
bajando mis manos hasta sus deliciosas nalgas las cuales apretaba como si no
existirá mañana.
Sus gritos me dejaban sorda, los
cuales poco a poco se mezclaron con los míos. Y así estuve como 5 minutos. Tirada
en una colchoneta de instituto y sometida a tanta lujuria contenida en su
cuerpo y en su miembro. De pronto me arrebató de la colchoneta, y sin sacar sus
sexo de mi vagina, me cogió en brazos y me empujó sobre la pared. Ahí sus
embestidas fueron peores. Tanto que incluso me hizo un poco de daño, el cual
apenas me importó y me fue indiferente.
Después de otra tanda de 5
minutos mas, me apretó con sus caderas sobre la misma pared, e hizo una mueca
de gusto. Se mordió el labio de abajo y aproveché a morderle su labio superior,
algo que me excito.